Como
indica Jarvis (2003), a veces no se produce el aprendizaje, debido a que
evitamos situaciones de aprendizaje porque no queremos experimentar o porque no
somos conscientes de que la experiencia es una fuente de aprendizaje.
Mientras
estudiaba, y al leer esta frase, se me vino a la cabeza una persona; ya que sin
duda, a lo largo de muchos años me ha demostrado “que el saber no ocupa lugar”,
y que de la experiencia emanan fuentes de aprendizaje.
Ésta
persona de la que hablo es mi abuela, quién ya hace algunos años que falleció,
pero quién sin duda, me hizo aprender muchas de las cosas que sé hoy en día.
Para
mí, ella es un claro ejemplo del envejecimiento activo, del autoaprendizaje, y
de que la edad no es un inconveniente para aprender.
Con
casi 80 años de edad, y sin haber entrado en contacto en ningún momento con la
enseñanza formal, se pasaba los días viajando, cocinando, innovando en sus
labores; y aconsejándonos y deleitándonos con su experiencia, pues, de hecho,
con el tiempo, me he dado cuenta de que las experiencias vividas junto a ella,
me han ayudado un poco a ser quién hoy en día soy. Así, el haber vivido muchos
momentos junto a ella y el conocer su propia experiencia, me han ayudado a
adquirir numerosas habilidades sociales, a valorar un poco más todo lo que
tengo a mi lado, y a conducirme en un camino hacia el aprendizaje constante.
Este
es un claro ejemplo de que aunque “la juventud es un regalo de la Naturaleza,
la vejez es una obra de arte”, en cuánto a que ellos pueden enseñarnos muchas
cosas, en tanto destaca la importancia en edad, saber y gobierno.
Referencias:
Apuntes de clase. Bloque 1b y 2b.
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